De nuevo final de semana y llega puntual una nueva cita con los lugares de tapas más aconsejables de la ciudad de Granada. Esta semana teníamos dos sitios preparados para presentar, pero por circunstancias ajenas al blog, solo vamos a poder publicar uno. El otro queda reservado para la semana que viene.
Para esta crónica hemos vuelto a una zona plagada de bares, restaurantes y terrazas, en un marco incomparable, como es el Campo del Principe. Hemos acudido a visitar un bar que nos han recomendado en Facebook y en los distintos comentarios recibidos. Se trata del bar Faquilla, uno de los locales con más solera de Granada, pues no en vano son 60 años de existencia.


Su ubicación es muy sencilla, pues se encuentra en la parte en el mismo Campo del Principe, en el corazón del barrio judío de Granada, el populoso Realejo. Muy cerca, por no decir junto al mismo bar, hay otras muy buenas opciones como Las Niñas, Los Altramuces, Rossini... Además en la zona del Realejo tenemos multitud de sitios donde tapear, como el Jaraiz, Potemkin, Santo Domingo, La Borraja... Muchos y buenos, lo que hace que no cite más pues me dejaría muchos en el tintero.
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En esta época lo que pega es disfrutar de una terraza y eso que hicimos, pese a que en algunos momentos el aire pasaba a ser algo molesto. La terraza, de forma poco usual, se encontraba con escasa clientela, por lo que no tuvimos el más mínimo problema para encontrar acomodo y ser atendidos.

Para una primera ronda pedimos dos cañas, pues por lo que se veía, estas no eran excesivamente grandes y con el calor era lo que más apetecía. Las tapas en esta ocasión, al igual que últimamente en otros sitios, no eran a elegir, así que tocaba el momento intriga del día.


Para acompañar esta primera ronda, la tapa estaba compuesta por un plato con ensalada de verano (tomate, huevo, cebolla, atún…) y dos mini flamenquines de jamón york y queso. ¿Os parece interesante?




No era la mejor tapa que habíamos visto, pero decidimos darle otra oportunidad y volver a probar suerte. Y en buena hora tomamos esa decisión, pues la tapa mejoró de forma considerable.


De nuevo otras dos cañas, que esta vez venían acompañadas por una tapa de boquerones fritos, francamente buenos. Y como se aprecia de un tamaño más que adecuado, similar a lo que en otros sitios (que ya hemos visitado) es una media ración de 10 euros. Esta segunda tapa nos había cambiado el concepto, algo que hizo que repitiésemos al terminar.




Pero es mayo, mes por excelencia de comuniones, así que cuando una familia numerosa decide ocupar las mesas contiguas, sabes que vas a tener alboroto y que probablemente tarden más en servir.
Eso mismo nos ocurrió, mientras esperábamos a pedir una tercera ronda. Esta vez una de las cañas dio paso a un zumo de tomate y tocaba esperar la tapa, que sin embargo no se retrasó en exceso.


Dos rebanadas de pan con aceite, lomo a la plancha y cubiertas con pimiento frito que vinieron estupendamente pra saciar el hambre y que tenían un sabor delicioso. Parecidas a un serranito pero sin jamón.


Llegado el momento de pedir la cuenta, un total de 12 euros por las 6 consumiciones y después de dos horas, el sitio fue quedándose más tranquilo, volviendo la paz y el sosiego. El sitio, aunque inicialmente nos dejó algo fríos con la primera tapa, cumplió de sobra con el resto del tapeo que probamos y que vimos, así que la vuelta es algo más que probable.


















































